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Si bien antes era la industria hollywoodiense la que copaba en su inmensa mayoría la cartelera de nuestro país, el cine europeo ha tomado una gran relevancia en ella. En estos últimos años en los que el cine americano nos ha dejado muchos reboots, remakes, y muchas franquicias a explotar. Pero, en el cine europeo, están surgiendo ideas muy novedosas que están gustando al espectador ya sea por el mensaje o por cualquier otro ámbito cinematográfico. En esta ocasión nos disponemos a hablar de Perdidos en la nieve, un drama bélico noruego que pese a no llegar pisando muy fuerte, puede agradar al público por lo interesante de la trama.

Dirige Petter Naess, cineasta noruego que ha decidido plasmar en la gran pantalla una conmovedora historia real datada en la Segunda Guerra Mundial. La idea en la que se basa me gusta, porque realmente no estamos acostumbrados a este tipo de cine bélico. Casi siempre lo que vemos es lo mismo. Películas en las que uno de los bandos es el «héroe», las consecuencias de la guerra, las víctimas civiles… pero, ¿qué hay de los soldados que tan rápido y fácilmente mueren en las series y films que solemos ver? Bajo sus cascos hay mucho más que un simple nazi o un aliado. En Perdidos en la nieve se nos quiere esclarecer ese aspecto. No todos los alemanes nazis por ejemplo, eran igual de despiadados que su mandatario, y en otros bandos, más de lo mismo.

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En la cinta de Petter Naess podremos ver como tras un accidente aéreo, tres aviadores nazis y dos del ejército británico se ven obligados a compartir una cabaña para sobrevivir en el medio de las grandes y nevadas montañas de Noruega. Este incidente acarreará disputas que acabarán convirtiéndose en colaboraciones mutuas, e incluso amistad. Sin duda se trata de un hecho que llama la atención dado el radicalismo de las guerras, de ésta en especial. Al final, la moraleja acaba siendo que si antepusiéramos los valores a los honores, nos iría mucho mejor y habría menos conflictos.

No creo que Perdidos en la nieve acabe dando un bombazo impresionante en taquilla, seamos francos. Pero si vamos a verla nos daremos cuenta de que no es un proyecto ambicioso, que no piensa ni tantea rellenar arcas. El propósito de Perdidos en la nieve es enseñar esta historia al espectador, que desde luego no es la mejor que habrá visto pero tampoco estará entre las peores. El problema es el de siempre: el espectador que paga va a lo seguro. Apuesta por superproducciones, comedias o dramas románticos. Pocos prueban suerte con cine del que apenas tienen publicidad.

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La fotografía de la que hace alarde el film nada más comenzar, es bastante admirable. Pero sin duda tiene otros aspectos más llamativos. La trama no es envuelta por una tensión artificial, como podría haber pasado. Tampoco se mete demasiado en un sentimentalismo que resultaría un tanto cuestionable. Puede que durante los 100 minutos de duración alguna escena nos pueda parecer repetitiva o tediosa, pero esas sensaciones son cuestión de minutos, eso sí.

El reparto es muy sencillo. Son cinco los actores que se encargan de dar vida a estos soldados de guerra y lo hacen de manera sólida y eficaz. Todos cumplen aunque no llega a despuntar ninguno por encima de los demás. Florian Lukas sea quizás quien lleve la voz cantante, pero los demás tienen un protagonismo clave. Quizás David Kross, a quien hemos visto en películas como The Reader o War Horse, vaya perdiendo cámara a medida que avanza el film, pero una cosa no quita la otra. El más conocido es sin duda Rupert Grint, que encarna a uno de los soldados británicos. Grint es conocido porque ha interpretado a Ron Weasley en las 8 películas de la saga del mago Harry Potter.