Scott Voss (Kevin James) es un profesor de biología de instituto cuya vocación se ha perdido por el camino. Un recorte presupuestario pone en peligro la clase de música, impartida por su amigo Marty (Henry Winkler), lo que llevará a Scott a iniciarse en el mundo de la lucha libre con el fin de conseguir dinero para el centro.
Las películas se suelen clasificar en buenas o malas. No es una mala clasificación. Pero hay otro baremo mucho más interesante: el de aquellas que hacen honor al sobrenombre de ‘séptimo arte’ que se le ha dado al cine, y el de esas otras que simplemente aspiran al entretenimiento. Así pues, un film puede ser terrible y demencial, pero cumplir perfectamente su función de divertimento.
Peso pesado (Here comes the boom) permite, en parte gracias a la labor de los traductores españoles, conocer sus intenciones desde el título. Y estas son: demostrar que los grandullones –Kevin James, uno de tantos- tienen buen corazón, amenizar una hora y media con un humor sonrojante (“¿Se puede quedar embarazada una mujer de 48 años?” “Depende de lo guapa que sea”), estimular con unas peleas poco aptas si se trata de cine familiar, y, en fin, poner de relieve la importancia que tiene perseguir los sueños, luchar contra el conformismo.
La película no aburre –aunque a todos los espectadores les apetecerá echar un ojo de vez en cuando al móvil, sin temor de perderse algún detalle de la trama- y el mensaje es, la verdad, reconfortante. Todo absoluta y casi insultantemente predecible. En el reparto hay alguna sorpresa: Salma Hayek, de nuevo en un rol por debajo de lo que su capacidad y belleza merecen, el televisivo Greg Germann (Ally McBeal) y Charice, niña prodigio online que también tiene hueco para cantar una cancioncita. Cero arte, cien de entretenimiento para el público menos exigente. Por Jesús Blanco

