Entrevista a Natalia de Molina

¿Qué pensaste cuando te llegó el guión de Techo y comida?

¡Qué sentí! Porque sentí mucho y pensé poco. Cuando lo leí me emocioné muchísimo, pasaban los días y me volvía la historia de Rocío, realmente me produjo muchas sensaciones.

Seguramente lo más difícil para ti es la carga emocional que conlleva el papel de Rocío. En este sentido, ¿cuál fue la escena más complicada de rodar?

Lo cierto es que todos los días del rodaje había escenas muy duras y que requerían que me dejara toda la energía. Pensé que la que más me iba a costar es la escena del abogado, pero después la disfruté muchísimo, lo mismo que con la escena del supermercado. La escena más dura fue en la que Rocío lee la carta de desahucio y comprende todo lo que se le viene encima.

¿Te lo pensaste antes de aceptar el papel de Rocío?

La verdad es que sí que dudé muchísimo si aceptarlo o no porque era consciente de la responsabilidad que suponía. Sabía el 98% del tiempo la película se iba a centrar en mi personaje, soy muy joven y nunca había realizado un papel protagonista de tanto peso. Era un arma de doble filo, ya que si no estaba a la altura la película no iba a funcionar.

¿Qué sentiste cuando viste por primera vez la película terminada?

Me quedé en shock, fue una sensación muy extraña. Recuerdo que no me podía levantar de la silla y temblaba. Cuando la rodé no era consciente del resultado y al verla no vi a Natalia, tenía la sensación de estar viendo a otra actriz. La verdad es que estoy muy orgullosa del resultado y del trabajo.

La crítica ha sido unánime al considerar tu papel como una de las mejores interpretaciones femeninas del año. ¿Te ves como nominada a los próximos Premios Goya?

¡Ojalá! Es muy difícil, este año hay muchísimo nivel y hay grandes actrices que podrían optar a él. Sería un honor estar nominada junto a actrices como Penélope Cruz, Inma Cuesta, Maribel Verdú o Elena Anaya, pero sobre todo porque serviría para que mucha gente viera Techo y comida.

¿Cómo fue tu relación con Jaime López?

La primera que hablamos fue por Skype y era súper tímido. Casi no me hablaba, la que lo hacía era su madre. Y luego al conocerle en persona, a la que se soltó un poco era para comérselo. La verdad es que es un artista, era la primera vez que se ponía delante de una cámara y me dejó anonadada. Lo hacía tan bien que me obligaba a esforzarme para estar a su altura. Ha sido una gozada trabajar con él y me lo puso todo muy fácil.