¿Cuál es el objetivo de esta nueva versión de La novia?
PO: Lo que nosotros pretendíamos era provocar una experiencia sensorial del mundo de Lorca y provocarlo con la mayor intensidad posible, no solamente con la palabra poética, sino también traducir su mundo de imágenes y metáforas a todas las herramientas cinematográficas. Creo que todo relato es una experiencia ética y estética y en este caso, como se trata de una tragedia que busca la catarsis de los sentidos había que poner en marcha todos los lenguajes de manera simultánea
¿Por qué Lorca y por qué Bodas de sangre? ¿Qué fue lo que te llevó a realizar esta película?
PO: Yo he leído a Lorca desde que era pequeña, mis padres eran profesores de literatura y siempre ha estado presente en mi casa. Llegué a Bodas de sangre por azar y me causó una tremenda conmoción, por cómo conseguía ponerle palabra y darle luz a lugares que yo no sabía expresar, que es lo que hace un poeta. Personalmente, siempre me han atraído esos mundos abstractos a medio camino entre lo real y lo irreal, sin artificios ni mundos fantásticos. Lorca es capaz de bucear en la cara más oscura y la más luminosa de la realidad del mundo rural.
¿Se trata del personaje más intenso de tu carrera?
IC: Quizá no lo definiría como el más intenso, pero sí el más transformador, que me ha hecho lanzar lo más salvaje y animal de mí. Ha sido bastante catártico.
¿Para preparar el papel de La novia te has inspirado en el trabajo de otras actrices?
No, creo que lo más honesto y generoso es hacerlo desde una misma, con tus propios recursos, tu voz…
¿Qué te has llevado de tu papel en la película?
IC: Me he llevado un viaje apasionante e inolvidable que me ha enseñado mucho de mí misma. Ha sido un proceso creativo dramático y trágico del que he aprendido muchísimo. Me llevo el privilegio de haber sido la novia de Bodas de sangre y haber conocido a una gran directora como Paula Ortiz.