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‘Escribir es una forma de terapia. A veces me pregunto cómo se las arreglan los que no escriben, los que no componen música o pintan, para escapar de la locura, de la melancolía, del terror pánico inherente a la condición humana’, dijo el laureado escritor inglés Graham Greene. Y la familia Borgens toma esta máxima en Un invierno en la playa a modo de mantra, convirtiendo la literatura en su prozac particular con el que superar los dramas familiares fruto del divorcio de los padres de familia, Bill (Greg Kinnear) y Erica (Jennifer Connelly).

Un melancólico Greg Kinnear capitanea este barco de escritores cuya vocación literaria es refugio del dolor afectivo en sus diferentes fases: desde el ferviente amor adolescente que vive el joven Rusty (Nat Wolff), pasando por el miedo al enamoramiento de la cínica Samantha (Lilly Collins), hasta el tira y afloja post divorcio entre los confusos Bill y Erica.

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El novel cineasta Josh Boone se estrena en la gran pantalla con Stuck in love (Un invierno en la playa), esta ópera prima que, bajo la apariencia de simple comedia comercial, esconde un retrato fiel de los miedos, traumas y temores que una separación matrimonial deja como sedimento en quienes la sufren y el modo en el que repercute en ellos según su carácter.

Partiendo de una desastrosa celebración de Acción de Gracias, el film crece a medida que lo hacen sus personajes, unos arquetipos complejos y en constante evolución que inundan el celuloide con su realismo y su sensibilidad. Destaca notablemente un debutante Nat Wolff en la piel de un tímido y sensible adolescente que logrará vender sus inseguridades con la ayuda de su padre, pero también de la literatura de Stephen King.

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La nota cómica de la película la aporta Kirsten Bell en su enésimo papel de rubia descontrolada que no escatimará esfuerzos en devolver a Bill al mercado sentimental. Pero Bill seguirá esperando a Erica mientras cierra todas sus heridas y sus hijos se convierten en jóvenes promesas literarias.

Con un montaje lineal y una música emotiva al tiempo que narrativa, el largometraje nos propone un viaje ya conocido por los derroteros del amor pero que sin presentarnos nada nuevo nos cautivará en nuestras butacas durante sus 96 minutos de duración. Un invierno en la playa es una pequeña joya cinematográfica que tal vez pasará desapercibida en la taquilla y sin embargo a buen seguro tocará la fibra de quienes decidan aventurarse a visionarla ya que, ¿quién no ha sufrido alguna vez por amor?