Woody Allen pone punto final a sus vacaciones por Europa y, tras pasar por ciudades como Londres, Barcelona o París, saca su billete de vuelta en A Roma con amor, una nueva demostración de que la mejor manera de promocionar el turismo en una ciudad se consigue contratando al director de 77 años. Si en Midnight in Paris Allen nos sorprendía con un guión poético y muy bien elaborado, en esta ocasión apuesta por cuatro historias paralelas que no llevarán a ninguna parte, pero que servirán como guía turística inmejorable para moverse entre el caos romano.

Como ya declaró Woody Allen hace unas fechas, en este punto de su carrera como cineasta busca el entretenimiento por delante de todo y A Roma con amor es una buena muestra de ello. Lamentablemente, no será un film que pasará a la historia como una de las obras maestras del neoyorquino pero sí que garantiza al espectador un buen rato de diversión.

Aún así, estamos ante cuatro historias planas, banales, que no llegan a conectar en ningún momento pero que pretenden ser cuatro formas de ver la capital italiana. Sin duda, y llámenle tonto, lo mejor de la película es el enésimo papel neurótico que interpreta al dedillo el mismo Woody Allen. Gags desternillantes y a su vez preparados expresamente para ser el personaje que provoque más carcajadas al espectador.

Pero Allen no es la única estrella que aparece en A Roma con amor. Como viene siendo costumbre, el neoyorquino se ha querido rodear de un gran elenco de actores cuyas interpretaciones son de mayor o menor calidad. Sorprende ver a Penélope Cruz embutida en el papel de una prostituta romana o a los siempre hiperactivos Roberto Benigni y Alessandro Tiberi.

Por el contrario, resulta menos creíble la historia de amor inteligente y a su vez neurótica protagonizada por Jesse Eisenberg y Ellen Page, cuyas interpretaciones se ven emborronadas por Alec Baldwin, quien debería asumir que su tiempo de gloria ya ha pasado.

Un cóctel de 102 minutos que a alguien se le puede atragantar en algún momento, se le puede hacer repetitivo, pero que en su conjunto resulta simpático y que, a su vez, sirve como guía turística para conocer a través de la gran pantalla los rincones más bellos de Roma.

One Comment

  • Vaya. Una lástima leer que esta vez Woody Allen se queda en «simple» divertimento y no le ha dado por hacer una joya cinematográfica. En cualquier caso, con tal de verle «interpretar» a un neurótico (por enésima vez como bien se señala en la crítica), ¡merecerá la pena ir a verla!
    Y por qué no… ¡También por Roma! ¡Bella ciudad!

    ¡Felicidades por la crítica, muy de mi gusto!