Nunca antes el ciclismo urbano resultó tan atractivo, ni el servicio de mensajería de Nueva York tan “emocionante”.  Y digo la mensajería y el ciclismo, porque a menos que te dediques al traslado urgente de envíos urbanos, o seas un amante del uso de la bicicleta como deporte extremo, Sin frenos no va a ser una película que se haga un sitio en tu memoria.

Partiendo de la base de que se trata de una película básica y puramente de acción, ni tan siquiera ésta aparece tanto a lo largo de la película, la cual es una “mera” persecución constante por la Gran Manzana. Una carrera a contrarreloj en la que nadie tiene demasiada prisa que emula perfectamente las repetitivas historias del Correcaminos de la Warner Bros. Inclusive el director hace un pequeño juego apodando así al protagonista, con el seudónimo de Coyote, cuando éste es precisamente la huidiza ave que escapa de todos los peligros y de su incesante perseguidor. Y en esta ocasión es el joven Joseph Gordon-Levitt el joven mensajero y temerario ciclista, y Michael Shannon el acérrimo persecutor.

Empezando por el “malo”, no encontramos mucha sorpresa en que aparezca en una película falta de una trama creíble o medianamente bien elaborada. Cumple como actor secundario, como casi siempre ha hecho en las películas en las que ha participado. Aunque es obvio que parece más meritorio para su carrera el figurar en una película tan reconocida y aplaudida como Pearl Harbor que en ésta, Sin Frenos, que de seguro no pasará a la Historia.

Y en cuanto a nuestro correcaminos con nombre de sabueso, hay que decir que decepciona en gran medida encontrarse a un joven actor que parecía ser un prometedor valor en alza en la industria del cine, en una película tan pobre como esta. Para quienes conozcan mínimamente la carrera de Gordon-Levitt, es difícil de olvidar su brillante actuación en la tragicomedia romántica de 500 días de verano, o su excelente actuación (a pesar de hacerlo como secundario) en la mundialmente conocida película Origen.

En lo referente a la propia película, se puede resaltar como positivo el introducir en la visión del espectador un cambio de perspectiva en las persecuciones, en cuanto a la omnipresencia de la bicicleta. Sin embargo no deja de ser una película más de tantas que amontonan los estantes de este género, y ni tan siquiera tiene esos efectos especiales sobrecogedores que hacen que una película cuyo único y plano tema es una persecución, casi repentina, pueda merecer la pena.

No es un fracaso del director David Koepp, pero tampoco será un éxito. Sencillamente, una película que pasará por las pantallas internacionales sin pena ni gloria, para engrosar las filas de la extensa producción cinematográfica de un director que puede presumir de títulos tan importantes como Spiderman, Jurassic Park, Sneak Eyes,  y un largo etcétera.