Vaya por delante que la de Arthur es una historia real. Y es importante remarcarlo porque, por muchos motivos, a lo largo de la película es posible que pienses en más de una ocasión que el director (Simon Cellas Jones) se ha tomado alguna que otra licencia dramática para añadirle emoción, épica y ternura a la historia.

Mark Wahlberg pasa de nuevo a la acción dejando claro que se encuentra en muy buena forma, tanto física como interpretativamente. El actor se pone en la piel de Mikael Lindnord, un atleta de aventura retirado, de esos que no olvidan fácilmente la espina clavada que les haya podido quedar en su vida deportiva. Así, decide reunir de nuevo a un equipo para realizar 400 millas a través de la jungla ecuatoriana, en una travesía en la que tendrán que correr, escalar, ir en bici y hasta en kayak.

Lo que el equipo no podía imaginar es que, en mitad de su aventura, se encontrarían con un perro vagabundo, herido y hambriento que, tras ofrecerle algo de comida, les acompañaría por el resto del camino como un miembro más del grupo, haciendo frente a las situaciones más peligrosas y empujando a sus nuevos amigos humanos hacia la meta.

Arthur tiene más de una escena de riesgo trepidante que te hará sentir esa tensión mezclada con adrenalina que todo amante del deporte de aventuras busca en sus retos. Y sabe combinar esas situaciones con la parte más tierna y emotiva que ofrece el protagonista peludo de esta increíble, pero cierta, historia, que es por encima de todo una muestra de amor y admiración a los animales.

Así pues, si te gusta el deporte, la aventura y, además, te apasionan los animales, estás obligado a ver, disfrutar y emocionarte con las hazañas de estos luchadores y supervivientes natos.