
Ana (Almudena Amor) es una auxiliar de enfermería que decide aceptar un trabajo aparentemente tranquilo que le permitirá encontrar tiempo para preparar sus oposiciones. Así, se muda a una casa lejos de sus familiares y amigos en la que deberá cuidar de Sara (Amanda Goldsmith), una mujer que se encuentra en estado vegetativo, en compañía de su atormentado marido, Agustín (Javier Rey), un escultor que intenta sobrellevar la nueva realidad y la pérdida de la vida que imaginaba.
Desde un inicio y de manera simultánea, empiezan a suceder dos cosas. Por un lado, es evidente y cada vez más creciente la atracción entre Ana y Agustín. Y, por otro, Ana comienza a sufrir una serie de episodios paranormales que le llevan a pensar que Sara la rechaza utilizando algún tipo de poder sobre ella.

La mujer dormida tiene todos los ingredientes necesarios para desarrollar una historia de suspense sobrenatural de las que te llevan a sujetarte a la butaca con fuerza mientras la intriga te mantiene permanentemente atento. Las interpretaciones de la pareja protagonista resultan convincentes y logran mantener nuestro interés a lo largo de toda la película.
Y sí, no faltan los esperables clichés de las historias de fantasmas, pero sabe combinar lo predecible con alguna que otra sorpresa que irá cambiando nuestras teorías. Como único reproche diré que se habría agradecido un final algo más desarrollado. En los últimos minutos, da la sensación de que entran las prisas por cerrar la trama y queda en el aire alguna pregunta sin resolver que no plantearé para evitar el spoiler.
En resumen, un film recomendable, pues te mantendrá enganchado en todo momento y, a pesar de dejarse alguna que otra respuesta en la sombra, te dejará con buen sabor de boca.