Aclamada por la crítica y tras su paso por la 61 edición del Festival de San Sebastián, Caníbal, esa oscura y sutil película que durante 2 horas mantiene al espectador en vilo, creada por Manuel Martín Cuenca, fue presentada por el mismo y los protagonistas de la historia, Antonio de la Torre y Olimpia Melinte, esta semana en Madrid. Con la sombra de las posibles nominaciones a los Goya a su espalda, la reciente postulación (y en eso quedó) a representar a España en los Oscar y el reconocimiento que otorga saber que has hecho una película de calidad, hablamos de estos y otros muchos temas con los artífices de esta pequeña obra maestra.
– ¿Alguien así de malvado puede llegar a conocer verdaderamente el amor? ¿El acto de canibalismo y egoísmo puede llevar al acto de amor, de más ternura?
– Antonio de la Torre: Sí, yo creo que en la pregunta esta la respuesta. Hay un momento de inflexión en la película donde Nina es como un espejo y se ve, y supone una conversión absoluta, y es lo que me ha parecido fascinante. El gran tema de la vida es el amor, estamos en una sociedad con un gran déficit de educación emocional y no creo que haya personas que no estén capacitadas para amar. El amor es la gran redención que hace de este mundo algo mejor, y es algo hermoso que refleja la película. La película como reflexión propone eso y yo creo como actor que eso es posible.
– ¿Te has asesorado de psiquiatras, psicólogos para interpretar este personaje?
– AT: No, este tema lo hablamos Manolo y yo y no quisimos. No hubiera podido acercarme a este personaje si no le hubiera puesto ciertos calificativos en mi cabeza. Sí que investigué el arte de la sastrería, lo necesitaba como actor, le da una minuciosidad que lo define como personaje y que le hace vivir como uno de los nuestros. Quería hacer más persona que personaje. Demostrar desde dentro lo vivo que estaba mi personaje, algo que fue muy fácil con Olimpia, una actriz muy generosa.
– ¿Qué te llevó a contar esta historia?
– Manuel Martín: Cuando hicimos “La mitad de Oscar”, Alejandro conocía a Humberto Arenal y la novela, en la que está basada la película muy libremente, el 90% de la película es inventado. Lo que nos llamó la atención fue la posibilidad de construir una historia de amor como motor fundamental de la humanidad, como el encuentro con el otro y entender al otro, con un ser que se mueve por otros motores como la ambición o el mal, un depredador sin empatía con el otro ni sentimiento de culpa. Eso es algo tremendamente humano. Enfrentar ese sentimiento de culpa a través del amor, sin melodrama, es lo que le hace darse cuenta de su ser. Las películas son una huella en el tiempo, y estamos ante una época de confusión y crisis moral tremenda y creo que el cine negro llama a las puertas de nuestra sociedad de una manera inconsciente.
– ¿Crees que este puede ser uno de esos papeles que marcan un antes y un después en tu carrera como actor? ¿Inclusive que pudieran nominarte al Goya por él?
– AT: No me lo planteo, ni quiero hacerlo. Creo que es un error. Cuando empezaba si que pensaba en dónde me podían llevar los papeles, pero con suerte y el esfuerzo de estos años he aprendido que hay que estar en el presente, es absurdo planificar una carrera o calificar una vida. Es precioso el reto, pero no sé lo que me dará, aunque siempre está la tentación de leer las críticas con Manolo y por supuesto ver la acogida de la crítica. Aunque intentas abstraerte de ello. Los rumores no son nada.
– ¿Ha sido complejo interpretar un personaje tan interior, tan contenido desde dentro y cada vez con más fondo?
– AT: No lo había pensado mucho, quizás cuanto más fondo más a la superficie esté, no sé. Creo que ha sido una experiencia maravillosa, que me ha permitido conocer a otro yo en mi, que ha requerido mucho esfuerzo pero que ha sido muy satisfactoria. Creo en el esfuerzo como cultura y en que las cosas que más cuestan son las que más merecen la pena.
– ¿Cómo te has sentido al hacer un doble papel y qué has aportado de ti a cada uno de los personajes?
– Olimpia Melinte: Leí el guión y sentí que tenía que hacerlo. En una vida tan corta como es la de un actor hacer un doble papel es como un sueño. Las dos son parte de mi, son cosas mías. Si que tenía miedo por Alexandra, por caer en el cliché, en el femme fatale. Pero ella está en mi alma, como Nina, y lo he hecho con toda mi fuerza y toda mi alma. Me encantó hacerlo y trabajar con un equipo así.
– ¿Por qué en Granada?
– MM: Queríamos representar la película en una ciudad europea con tradición, huir de un cierto patronalismo de contar una historia sobre el mal en otro país, ajeno a nosotros. Granada es una ciudad bellísima, con el decorado perfecto, que rezuma todo ello. Pocas películas que reflejen la Granada real se han rodado. Además he vivido en Granada, conozco la ciudad, y creo que las películas tienen que tener alma. He paseado esas localizaciones, conozco aquello y de alguna manera sentí que de todas las ciudades que podían contar el guión, Granada era la opción.
– Este es un ejemplo más, y llevamos varios en poco tiempo, del buen cine español. ¿Qué opináis de las declaraciones que cuestionan la calidad de este cine?
– MM: Creo que es una provocación, pero también una opinión personal que como todas respeto. Sí que tal y como está la situación económica de este país y considerando su puesto, creo que nosotros debemos preocuparnos por hacer buen cine mientras él se preocupa por llevar bien el país.