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Casablanca, 2011. La Primavera Árabe azota ferozmente la ciudad marroquí y en medio de la multitud que invade reivindicativa las calles, un alma vaga perdida. Se trata de Majhoul (Hassan Ben Badida), un preso político detenido y encarcelado por su implicación en la ‘Revuelta del Pan’ en la que en 1981 el pueblo de Marruecos se levantó contra la Monarquía pidiendo reformas estructurales. 30 años después, Majhoul ha recuperado su libertad pero el mundo que él conocía ha desaparecido.

Su familia se ha cambiado de domicilio, sus amigos no son los que un día fueron y él ya no recuerda ni su nombre, sólo su número de convicto, 404. En medio del caos que sacude Casablanca y del drama personal de Majhoul, entran en escena un equipo de periodistas que narran aburridos las protestas con una mirada escéptica y alejada de las demandas de la clase trabajadora de Marruecos.

Cuando descubren a Majhoul entre el maremagnum de manifestantes deciden seguirlo en busca de una historia suculenta para su programa televisivo. Sin embargo, lo que no saben es que este espontáneo encuentro marcará las próximas horas de sus vidas y los convertirá en ángeles de la guarda de Majhoul. El cineasta marroquí Hicham Lasri nos propone en C’est eux les chiens un viaje por su Casablanca natal a través de la búsqueda desesperada de la familia de Majhoul, seguida por la cámara de este peculiar equipo televisivo.

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La cinta está grabada en formato REC por lo que la cámara se mueve cuando lo hacen sus personajes y el espectador tiene la sensación de estar presente en todas las pesquisas y desatinos de este improvisado grupo de rastreo. Lasri juega con los movimientos de cámara de un modo excepcional, transmitiendo emotividad cuando la historia lo requiere pero también lanzando guiños al público para quitar tensión a la trama.

Un cómico ejemplo de ello lo encontramos en la secuencia en la que un ladrón en motocicleta les arrebata la cámara a los técnicos y el equipo entero sale corriendo tras él mientras el espectador vive la persecución a través de los pasos del ladrón. Pero C’est eux les chiens es también un periplo por los meandros de la personalidad de su protagonista por medio de todos aquellos que le conocieron antes de su estancia en prisión.

Su hijo, su mujer, su amante y hasta su amigo ahora director de un periódico contrario a sus principios de juventud forman un personaje coral brindado al público para descubrir las dos caras de Majhoul, un idealista comprometido que nunca lo estuvo con su familia. Además, la película comparte un paralelismo dramático con el clásico El gran dictador de Chaplin.

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Al igual que el ex combatiente judío interpretado por Chaplin, Majhoul es un héroe olvidado anclado en el pasado y superado por los acontecimientos del presente. En 30 años de encierro, la sociedad ha experimentado un cambio estructural profundo en parte debido a las Tecnologías de la Información y de la Comunicación y sus redes sociales, algo totalmente desconocido para el viejo Majhoul.

El reloj de este idealista se paró en 1981 y su obsesión por encontrar y transportar unos ruedines estabilizadores para la bicicleta de su hijo evidencian su desconexión temporal de la realidad. C’est eux les chiens es el original relato de uno de tantos presos políticos cuyo compromiso con la causa les arrebató todo lo demás, pero a sabiendas de ello, nuevas hornadas de jóvenes idealistas continúan regenerando las filas del activismo.

Con un montaje tan insólito como atractivo y un protagonista brillantemente interpretado por Hassan Ben Badida, el director Hicham Lasri logra meterse al público en el bolsillo durante 85 minutos de vibrante expectación. No en vano la cinta se alzó con el Griot al Mejor Largometraje de Ficción en la 10ª edición del Festival de Cine Africano de Córdoba, celebrado el pasado mes de octubre.