Enemy, del señor Villeneuve, versiona la publicación de Saramago, El hombre duplicado, para llevar a la gran pantalla un film protagonizado por Jake Gyllenhaal, Mélanie Laurent y Sarah Gadon. Como buena superproducción, llega avalada por todos los medios de su país (Canadá), incluidos premios y reconocimientos personales a Gadon. Hasta ahí, todo en orden. Una vez sentado en frente de la pantalla, es cuando empieza el desastre.
La historia de cómo un hombre, viendo una película al azar, encuentra que uno de los actores es idéntico a él. Saramago en su obra intenta adentrarse en las crisis de identidad, y en la búsqueda de un carácter único… Así que suponemos que el director intentó trasladarlo, aunque estrellándose sin paracaídas ni seguro de vida.
Viviendo en un absoluto desconcierto durante todo el metraje, una trama que pese a ser atractiva, acaba socavando el entusiasmo con la lentitud y la falta de coherencia en su desarrollo. Es difícil entender para muchos (entre los que me incluyo), que una adaptación de una novela apenas tenga diálogos ni contenido guionizado, dejándolo todo a la libre interpretación del espectador, que simplemente contempla como no uno, sino dos Jakes Gyllenhaal transmiten intermitentemente pasión o indiferencia.
El actor gesticula con demasiada tensión, y el apoyo de una música brillante y acechante te hacen esperar estallidos de la trama que nunca llegan. Es un tipo de película que gusta a un público muy limitado, por lo que habrá que ver qué tal funciona fuera de sus fronteras. España, que también participa en el film, no suele consumir estos thrillers psicológicos tan suaves. En el país que vio nacer a Buñuel, solemos exigir bastante más a una producción de este calibre.