Con Un otoño sin Berlín la directora Lara Izagirre nos presenta su primer largometraje, una historia sencilla que conseguirá sacar a la luz vuestras emociones más íntimas y que, sin demasiados sucesos que alteren su trama, os dejará completamente embelesados.
June (Irene Escolar) vuelve a su pueblo natal después de un tiempo en el extranjero intentando huir de un pasado doloroso. En ese tiempo ha perdido el contacto con su familia y amigos, con lo que a su vuelta emprende un complicado camino hacia la reconciliación con su anterior vida. Con su regreso, se reencuentra también con Diego (Tamar Novas), su antiguo novio, un escritor solitario que lleva demasiado tiempo sin tener valor para salir de su casa y relacionarse con el mundo exterior.
Si hay un elemento que une a todos sus protagonistas es la fragilidad, más o menos evidente en cada uno, pero en todos presente. Se necesitan los unos a los otros, sufren por las debilidades ajenas y luchan por salvar a los demás y, de paso, salvarse a sí mismos.
Irene Escolar es la esencia del film, enamora de igual modo a la cámara y al espectador sin necesidad siquiera de pronunciar una palabra. A través de su mezcla de miedo y valor conocemos y apreciamos a todos los que le rodean, nos emocionamos con ella cuando le muestran su amor y nos desesperamos con ella cuando le fallan.
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El personaje más complicado es el de un Tamar Novas que, si en papeles anteriores como en Mar adentro o Los abrazos rotos desbordada su carácter carismático, en esta ocasión realiza un trabajo de introversión para encerrarse en sí mismo. Es por ello que nos sorprende y nos recuerda que, si grandes directores de nuestro cine contaron con él para sus trabajos es porque, sin lugar a dudas, hablamos de un gran actor que merece retos a su altura como el que ha supuesto Un otoño en Berlín. Y, por último, qué decir de Lier Quesada, el gran pequeño descubrimiento que, desde su papel de Nico, nos enternece como nadie con esos enormes ojos azules, su dulzura y su inocencia.
Un otoño sin Berlín es una de esas pequeñas joyas que nos llega con los últimos meses del 2015 y que demuestra que, en ocasiones, menos es más, especialmente cuando se pretende tocar el alma del espectador removiendo en él todo tipo de emociones.