Hitman Agente 47

El ser humano lleva la palabra guerra grabada en su ADN y no hay más que abrir un capítulo aleatorio de nuestra historia para constatar que el hombre lleva batallando contra sus semejantes desde tiempos inmemoriales. No obstante, no fue hasta el siglo XX cuando el arte de la Guerra dio un salto cualitativo para adentrarse en la búsqueda del superhombre con la ayuda de la genética y de las nuevas tecnologías.

Y es precisamente en este imaginario colectivo de experimentos genéticos donde se encuadra Hitman: Agente 47un film de acción trepidante basado en el videojuego homónimo que ya fue llevado al cine sin pena ni gloria en 2007. Ahora el cineasta polaco-germano Aleksander Bach se pone por primera vez en la silla del director para conducir este thriller ciertamente sobresaliente tanto por la solidez de su trama como por las incandescentes secuencias de acción repletas de persecuciones, disparos y muchos cristales rotos.

Hitman Agente 47

El mérito de esta ópera prima reside además en que a pesar de versar sobre un argumento —la alteración genética para lograr el superhombre— ya manido por el cine, la trama es capaz de atrapar al espectador con la alternancia de espectacularidad y de giros narrativos no tan intuitivos como cabría esperar. Y es que Hitman: Agente 47  tiene mucho más cine del que apuntan las escenas de su tráiler.

Además, se une al festín de acción rodada a modo de anuncio en la ascendente Singapur, la notable interpretación de Rupert Friend en la piel de un sicario con un talento sobrehumano que va de menos a más a partir de la segunda mitad de la producción. Hannah Ware y Zachary Quinto cierran el cartel de esta cinta con unos personajes redondos que tampoco paran de crecer a medida que transcurren los fotogramas.

Hitman: Agente 47 es un vibrante thriller de acción endiablada que, si bien derrapa un tanto en un guión que no toma apenas riesgos, resulta altamente recomendable para los fans incondicionales de la adrenalina en estado puro. Y por si no fuera poco, su final huele a secuela. El festín está servido.