El fin de semana pasado llegó a nuestras pantallas la primera película de Álex Pina, creador de series muy conocidas como El Barco, y guionista de otras tantas de renombre. Kamikaze, como bien dice su título, nos cuenta la historia de Slatan, interpretado por Álex García, un hombre de Karadjistan que movido por la rabia hacia Rusia tiene como misión hacer estallar un avión en el aeropuerto de Moscú mediante una bomba que lleva él mismo en su cuerpo.
Sin embargo, por problemas temporales no es posible que el vuelo con destino Madrid despegue, así pues trasladan a todos los pasajeros a un hotel de montaña. Allí Slatan conocerá mejor a las que iban a ser sus victimas, unas personas que a pesar de las desgracias que llevan a cuestas viven la vida buscando la felicidad. El reparto lo encabeza como hemos dicho Álex García, que no defrauda ninguna expectativa en su primer papel protagonista de la gran pantalla. A medida que avanza la trama, va quedando claro todo el trabajo anterior a grabación para preparar a este personaje con acento caucásico y frases en ruso.
Además interpreta brillantemente a Slatan, un hombre de carácter duro a primera vista pero capaz de empatizar con el espectador. Verónica Echegui también vuelve a demostrar lo buena actriz que es, y lo mismo ocurre con el resto del reparto: Leticia Dolera, Carmen Machi, Eduardo Blanco, Iván Massagué y Héctor Alterio. El problema es que a pesar de tener un reparto excelente, y jugar entre tonos de comedia dramática y amor, le sigue faltando un montaje más ágil y dinámico.
Para tratarse de una ópera prima Kamikaze no está mal, de hecho tiene grandes momentos de carcajadas y otros más tiernos. Por otra parte, el final que pretende dejarnos con buen sabor de boca -y lo consigue-, no es del todo “realista”. Personalmente la recomiendo para aquellos que quieran meditar sobre un tema tan complicado como el que trata y a la vez pasar un buen rato.