Papusza, dirigida por Joanna Kos y su marido Krzysztof Krauze, llega a nuestras pantallas casi dos años después de su presentación en el festival de Karlovy Vary, donde se llevó una mención especial del jurado.
Relata la vida de Bronislawa Wajs, apodada Papusza -término romaní que quiere decir muñeca-, quien fuera la primera poeta gitana en recibir el reconocimiento de ver su obra publicada en Polonia. Consecuentemente es marginada por su propia comunidad, que la acusó de haber traicionado los secretos de su pueblo, un pueblo al que le gusta vivir en secreto. Papusza vivió inmersa en la pobreza y la abnegación, torturada por la culpabilidad hasta su muerte en 1987.
La historia transcurre desde su nacimiento hasta su muerte, inmersa toda su vida en un contexto bélico en el que prima la austeridad, además de la opresión hacia la comunidad gitana. Sin embargo, no se hace con un dibujo cronológico lineal, sí es cierto que empieza y termina con el tema de la maldición, que le persigue desde el día que su madre dio a luz, pero se hace servir de flashbacks para contarnos las vivencias de esta increíble mujer, alejada en ideas, creencias y conocimiento de su comunidad, pero anclada en ella.
La fotografía de la cinta es deliciosa, de un blanco y negro exquisito y fino, que no solo casa con el recuerdo de aquellos años, también refuerza los conflictos de los que hablábamos antes. Quizá abundan los planos de paisajes, que ralentizan el ritmo de la trama, pero estéticamente y, aunque no lo parezca, argumentalmente, son necesarios, pues introducen de manera sutil la vida de los gitanos.
Cuando los planos son generales, vemos una comunidad en marcha, nómada y feliz. No obstante, cuando pasamos a un primero, se nos muestra el barro de los caminos, las penurias que viven y el cansancio. Sin duda, uno de los trabajos fotográficos del cine más exquisitos y cuidados, la mayoría del tiempo pensamos que estamos ante fotografías en movimiento.
La trama es buena, interesante, tanto como la vida misma. Se nota que la pareja de directores ha puesto mucho cariño durante todo el proceso, sin embargo el guión es uno de sus puntos flacos –el único-, pues se le podría haber sacado “más chicha”, que pudiésemos conocer mejor a Papusza y su obra, habernos deleitado con algún otro poema, o con algún diálogo más largo.
A pesar de esto, y de la dificultad que se pueda encontrar al seguir el film –debido al desorden de los capítulos que relatan su vida-, el trabajo de los actores, encabezados por Jowita Miondlikowska, junto a la fotografía o el uso de la música, que no deja espacio en la banda sonora a la extradiegética, hacen de esta película una joya. Una joya que será memorable, y memoria para muchos.