Techo y comida

Julio de 2012, Jerez de la Frontera (Cádiz). Rocío es madre soltera y lleva más de tres años en el paro. No recibe ningún tipo de subsidio, hace meses que no puede pagar el alquiler y aguanta como puede con pequeños trabajos basura por horas y la ayuda de su vecina. Este es el drama que nos presenta Juan Miguel del Castillo en Techo y comida, su ópera prima con la que logra dejar tocado hasta al más duro de los espectadores.

Es evidente que el magnífico resultado de la película es fruto del trabajo de un gran equipo perfectamente compenetrado y entregado a su causa, pero es innegable que nada sería lo mismo sin la soberbia interpretación de una Natalia de Molina totalmente absorbida por su personaje. Ella es la absoluta protagonista del film y la culpable de que nos transmita toda una oleada de emociones difíciles de olvidar. 90 minutos conteniendo lo incontenible convierten su papel de Rocío en una de las mejores interpretaciones femeninas del año. Viene de recibir el reconocimiento del público en el Festival de Málaga y ojalá se convierta en una de las candidatas para los próximos Goya, méritos no le faltan.

Techo y comida

La gran sorpresa nos la llevamos con Jaime López, el pequeño Adrián que se ve obligado a madurar demasiado deprisa, dándose cuenta de su difícil situación a pesar de los intentos de su madre de ocultarla y manteniendo las sencillas ilusiones de un niño de su edad. Él es el motivo de todo lo que ocurre en la película, por lo que lucha y por lo que sufre nuestra Rocío. No es fácil estar al nivel de una Natalia de Molina y por ello su notable interpretación lo convierte ya en una joven promesa que esperamos seguir disfrutando en nuestro cine.

En Techo y comida cada personaje, de una manera o de otra, es víctima de la crisis económica que afecta a tantos en nuestro país. La necesidad y la desesperación es lo que les une y les enfrenta, haciendo de la crisis un drama colectivo alimentado por un círculo vicioso del que no parece haber salida.

Techo y comida

Cada escena del film es un zarpazo que remueve lo más hondo de tu conciencia, provocando desde el primer minuto tu indignación, tu enfado, tu rabia y, sobre todo, tu inmensa tristeza. Una película que todo el mundo debería ver y llorar, porque demuestra que el cine es mucho más que un par de horas de entretenimiento que nos ayuden a olvidar nuestros problemas, a veces el cine necesita justo lo contrario, trabajos como éste que nos recuerden los problemas de TODOS.