Siguiendo el repaso de películas presentes en la pasada gala de los Goya, no nos queríamos olvidar de la ópera prima de Beatriz Sanchís, Todos están muertos. Una historia muy personal que baila entre el drama sensible y situaciones cómicas para al fin, darle al público un chute de vitalidad.
Nos cuenta la historia de Lupe –Elena Anaya-, que aunque nadie lo diría, 14 años atrás era una estrella del rock. Junto a su hermano Diego –Nahuel Pérez Biscayart-, formaba parte de la exitosa banda Groenlandia. Sin embargo, quedaron en el olvido tras un accidente de coche, convirtiéndose así, como muchos otros grupos de la época, en un One Hit Wonder, con su mayor éxito, Corazón Automático.
Ahora depende totalmente de Paquita –Angélica Aragón-, su madre, una mexicana de gran corazón, que no sólo se ocupa de ella sino que también de su nieto, Pancho –Cristian Bernal-, pues Lupe vive encerrada en casa a causa de la agorafobia y es incapaz de cuidar de él. El problema es que a Paquita se le acaba el tiempo y no quiere marcharse dejando las cosas como están. Para ello tendrá que recurrir a los fantasmas del pasado.
La película parte de la premisa “qué ocurriría si pudieses despedirte de una persona que nos ha dejado”. Con esto ya nos podemos imaginar que estamos ante una obra arriesgada, tratar la muerte nunca es cosa fácil, y menos si va a estar presente todo el rato, como sucede en esta ocasión. Beatriz, le da la vuelta a la tortilla y nos presenta una nueva manera de ver las cosas, viajando –en mente, pues toda la historia ocurre en Madrid- al mismísimo México DF, del que es nuestra querida Paquita, para tomar tradiciones como el día de los muertos, y alguna que otra superstición o conjuro, que nos hacen enfrentarnos a este tema, muchas veces tabú en nuestra sociedad, con una mirada más limpia, inocente y esperanzadora.
En Todos están muertos, queda atrás cualquier sentimentalismo barato, proponiéndonos una travesía de casi hora y media, muy especial, por la que deberíamos pasar para sanar duelos del pasado. Cualquier melómano que se deje seducir por la película, podrá disfrutar de una banda sonora muy cuidada. Tanto, que llega a convertirse en un personaje más, o en la voz de alguno de ellos. Como ocurre en el caso de Pancho, el hijo de Lupe, adolescente de pocas palabras, que cuenta cómo se siente a través de una canción de Los Planetas, que dice así: podemos irnos juntos lejos de este mundo tú y yo. En un viaje por galaxias infinitas hacia el sol…
Decir, que aunque De Viaje, suene una y otra vez, la banda sonora original compuesta para la película viene de la mano de Akrobats, grupo con el que la directora ya había trabajado en sus dos cortometrajes anteriores –La clase y Mi otra mitad-. Estos también se han encargado del hit de Groenlandia, y uno de los mejores de toda la historia del cine español –injusta su ausencia en la gala de los Goya-, Corazón Automático.
En cuanto a la fotografía, siempre cámara en mano, jugando con iluminación y diferentes encuadres, se ha conseguido que cada personaje tenga la suya propia. Un trabajo muy logrado y delicado que también se saborea, pues forma parte de la magia que te conduce por la historia.
Hablando de personajes, el casting, encabezado por Elena Anaya, cuenta con actores de lujo como Angélica Aragón, conocidísima en México y que ha confiado en Sanchís para su primer trabajo en España, Nahuel Pérez Biscayart, joven argentino, Patricia Reyes Spíndola, también mejicana, la ganadora del Goya a actriz revelación Macarena García, Patrick Criado y el debutante Cristian Bernal.
Decir que Elena Anaya es una maravilla, pura verdad escénica. Poco más podemos añadir de ella y su delicadez a la hora de dar vida a Lupe. Destacar la sorpresa que suponen Angélica y Nahuel, poco conocidos para nuestro público y que encandilan. A Angélica se le notan las tablas que tiene a sus espaldas y consigue que te creas el momento, y Nahuel, el fantasma del pasado que viene a visitarnos, lo hace todo con su mirada.
Patrick Criado, sirve también como detonante en un momento de la historia y hace un trabajo muy bueno. Estamos ante una joven promesa que dará mucho que hablar. Sin embargo, uno de los problemas o taras, es que Cristian Bernal, nunca antes había interpretado, y eso se nota. Sobre todo porque está rodeado de actores con largo recorrido y en algunos momentos se perciben ciertos desequilibrios que te sacan de la trama, y más teniendo en cuenta que se trata del narrador, que abre y cierra el film.
Todos están muertos es un canto a la vida que nos recuerda la historia de Ana Curra y Eduardo Benavente, toda la movida madrileña, La Edad de Oro, los 90, las yogurteras, los scouts y las rancheras. Una combinación entre dos capas muy conseguida a través de la puesta en escena y un toque de realismo mágico. Los silencios en guión son vacíos abiertos a la imaginación, una herramienta que a pesar de ser valiente, funciona y consigue que sea el espectador quien averigüe qué se esconde detrás de las miradas cruzadas entre nuestros personajes.
Beatriz, que acaba de ser nombrada Directora del Siglo XXI por La Semana de Cine de Medina del Campo, estaba nominada a Mejor dirección novel, galardón que finalmente se llevó Carlos Marcés-Marquet por 10.000km. También «competía»-comillas porque no nos gusta esta palabra- Elena Anaya en la categoría a Mejor actriz protagonista, y aunque no volvió a casa con el que hubiese sido su segundo Goya, tenemos que recordar que en la edición anterior del Festival de Málaga, se llevaron un total de cuatro premios: Mejor actriz –Anaya-, Mejor Banda Sonora Original, Premio especial del jurado y Premio especial del jurado joven.
Por último, os dejamos con una frase de la película: Es duro despedirse, pero es más duro irse sin decir adiós. Menos mal que Todos están muertos no es una despedida, si no que se trata del comienzo de la carrera en largometrajes de Beatriz Sanchís. Y promete.
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