Una decisión peligrosa

Con la cantidad de thrillers que llegan a nuestras carteleras semana tras semana, cada vez resulta más complicado sorprender al público, despistarle y trenzar una trama llena de giros inesperados. Eso es algo que, como espectadores, hemos de asumir para rebajar nuestras expectativas ante cualquier thriller al uso que nos dispongamos a ver.

Ahora bien, una cosa es que nos presenten una historia sencilla y otra muy diferente es que salgamos de la sala con la sensación de que nos han tomado el pelo descaradamente. Eso es lo que tristemente consigue Una decisión peligrosa, un film que, con todo, cuenta con muchas caras conocidas como James Franco, Kate Hudson, Tom Wilkinson y Omar Sy.

Una decisión peligrosa

De entrada, la historia de Una decisión peligrosa parece contar con los ingredientes básicos de un thriller correcto. Una joven pareja americana emprende una nueva vida en Londres, pero pronto sus sueños se frustran y se traducen en una gran deuda por una casa que no terminan nunca de reformar. Una noche, descubren el cadáver de su casero y encuentran la fortuna que escondía. En lugar de notificarlo a la policía, deciden quedarse con el dinero para mejorar sus vidas. A partir de ese momento, estarán en el punto de mira de dos mafias enfrentadas que harán lo necesario para hacerse con el dinero.

La primera parte del film cumple con lo justo. Entretiene y mantiene nuestro interés, sin más, pero lo consigue. La tragedia llega al acercarse el desenlace, cuando empiezan a atropellarse una serie de decisiones sin sentido e intervenciones hilarantes que provocan, al mismo tiempo, nuestras risas y nuestra indignación. Es entonces cuando nos vemos suplicando que la tortura llegue a su fin para poder abandonar la sala y olvidar cuanto antes los 90 minutos que dura este film.

Una decisión peligrosa

Hay muchas cosas que no se comprenden, al margen de lo absurdo del guión. Cómo es posible que un equipo entero de profesionales se haya embarcado en un proyecto como Una decisión peligrosa y que nadie haya alzado la voz para intentar arreglarlo o pararlo en seco. Y peor aún, cómo es posible que actores como los anteriormente nombrados hayan aceptado asociar su imagen y su nombre a un trabajo tan dañino para la sensibilidad del espectador.

No hay decisión más peligrosa que la de dedicar nuestro tiempo a ver esta película, en vuestras manos está pensároslo dos veces y poneros a salvo de este despropósito.