La vida es bella

Innumerables son las veces que se han llevado a la gran pantalla los horrores de la Segunda Guerra Mundial y el nazismo, pero en ninguna de esas ocasiones se ha tocado el tema como lo hace el director y actor Roberto Benigni en La vida es bella (1997).

La película comienza en Arezzo, un lugar de la Toscana en Italia, es el año 1939, Guido (Roberto Benigni) un alegre y divertido personaje italiano de origen judío, llega a la ciudad acompañado de un amigo escritor, con el sueño de abrir una librería propia. Para ello comienza a trabajar como camarero del hotel de su tío.

La vida es bella

A su llegada conoce a Dora (Nicoletta Braschi) una joven maestra de la que queda prendado desde el primer momento y a la que trata de conquistar a base de humor y magia llegando a crear situaciones inverosímiles que terminan funcionando, consiguiendo así, que ella el día de su compromiso con otro hombre, lo deje todo y huya con él a lomos de un caballo.

El amor y el buen humor invaden la primera parte de la película sin dejar de mostrar como los cambios políticos y el fascismo, invaden poco a poco el ambiente. Tras esto un salto temporal nos lleva a 1945, Dora y Guido han formado una familia y tienen un adorable niño de unos cuatro años, Giosuè (Giorgio Cantarini) sus vidas siguen siendo felices, Guido ha abierto la librería de sus sueños y Dora sigue ejerciendo como profesora.

La vida es bella

La ciudad en cambio ya no es la misma, los soldados inundan las calles y en los comercios se cuelgan carteles de “prohibida la entrada a perros y judíos”, a pesar de ello Guido sigue haciendo alarde de su alegría y optimismo característico.

El día del cumpleaños del pequeño Giosuè, el niño, Guido y el tío de este son arrestados por sus orígenes judíos y trasladados a un campo de concentración, Dora al enterarse pide ser llevada con ellos a pesar de ser italiana. A la llegada al campo de concentración los hombres y las mujeres son separados y comienza la terrible historia contada de la manera más dulce posible.

La vida es bella

Parece imposible conseguir que la inocencia y la alegría de un niño se mantengan en un lugar como ese, pero Guido pinta para su hijo todo como un juego en el que el ganador se llevaría un tanque real a casa, en ese mundo imaginario, las reglas consisten en no ponerse a llorar, no pedir ver a mamá y no pedir la merienda, así hasta llegar a conseguir 1000 puntos. Con esta ilusión mantiene al niño escondido, con vida y sin ser consciente de los horrores de su alrededor, hasta el día que los aliados llegan al campo y se da por finalizada la guerra.

Benigni consigue un equilibrio que parece casi imposible entre la tragedia y la comedia. El realismo no es el protagonista en ningún punto pero no deja de reflejar la dureza del lugar y de los acontecimientos, convirtiendo el film en una crítica algunas veces desconcertante.

https://www.youtube.com/watch?v=gnUUcMbyjFU

Utilizar ese capítulo de la historia para demostrar que a pasar de todo la vida es bella fue una valentía y en un primer momento cuando se anunció su rodaje hubo protestas por parte de la comunidad judía con la que Benigni se reunió y finalmente contó con varios supervivientes de Auschwitz como asesores para el rodaje.

A pesar de su tono de comedia, el respeto que se muestra en sus escenas sirvió para que una vez estrenada fuera aplaudida por la mayoría de implicados, arrasando en premios alrededor de todo el mundo y obteniendo tres estatuillas en los Oscar de 1998, mejor película de habla no inglesa, mejor actor y mejor BSO.