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Después de su último largometraje Bellos suicidios, Rafael Gordon vuelve al cine de autor 2 años después para traernos Mussolini va a morir, una cinta en la que se muestra su visión sobre la última noche que pasó el Duce junto a su amante Claretta antes de ser fusilados. Ambos esperan el momento de su muerte en una casa vieja y abandonada, vigilada en todo momento por sus detractores.

En la película, el dictador italiano nos muestra su pasado de forma totalmente transparente y sin prejuicios, y se nos explica las razones por las cuales llegó a ser una figura tan imponente como el mismísimo Adolf Hitler en el siglo XX. Además Rafael Gordon le da a la cinta un toque de ensayo, de forma que no abandona ese espíritu teatral en el que está inspirado. Y digo esto porque la misma película está basada en la obra de teatro homónima, que además está interpretada por los mismos actores.

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Su duración de 86 minutos hace que no sea excesivamente pesada, y aunque este tipo de cine no sea mi estilo, es preciso decir que el guión está maravillosamente trabajado. Quizás en ocasiones se precise demasiado entender del tema y saber historia acerca de Mussolini para seguirla, pero no insulta al espectador poniéndose poética en exceso.

El metraje se desarrolla en su totalidad en una estancia de unos 9 m², con lo cual el decorado y la puesta en escena no dan para mucho. Aún así, el movimiento de los actores, el enfoque de la cámara y el montaje me han parecido bastante respetables. No olvidemos nunca que se trata de una pequeña producción que corre de la cuenta del mismo director, con lo cual al ser una película tan suya tiene más mérito en mi opinión.

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El mismo Rafael Gordon nos comentaba a algunos asistentes de prensa antes de empezar la proyección, que había intentado introducir a tres figuras principales aunque solo podamos ver a dos. Los dos actores protagonistas son Benito Mussolini y Claretta Petacci, y la que no se ve pero se puede sentir, es la masa. Esa masa que se volvía tan a favor como en contra de El Duce, es un elemento importante en la historia y en el film.

El reparto, me ha parecido muy admirable. Empiezo por Miguel Torres, que debuta en el cine tras una abultada trayectoria en el teatro. Su buena actuación como Benito Mussolini no pasa desapercibida, sobretodo a ojos de su director en Mussolini debe morir, que afirma que es un delito que Miguel no haya sido nominado a los Goya en la categoría de Mejor actor revelación. Su compañera de fatigas en este caso es Julia Quintana, quien a pesar de no tener muchas líneas de guión, cumple con notabilidad su rol de Claretta Petacci. La pareja gana mucho con sus interpretaciones.

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Por desgracia, como el mismo Rafael nos confirmaba en rueda de prensa, no va a haber muchos cines que proyecten Mussolini va a morir. Es una película que pese a tener un público fiel, no es tan abundante como para que las grandes salas se arriesguen con ella. Aunque en parte es comprensible, es una lástima que esta película no llegue al espectador de una manera más extendida. En cualquier caso, Rafael Gordon nos explica que él hace sus películas pensando en que perduren en el tiempo, sin pensar mucho en el momento.