El principal defecto de Si de verdad quieres…–y aunque sea una conclusión, conviene decirlo cuanto antes- es que todo el mundo acudirá al cine pensando que es una comedia. Y, aunque el cartel, el argumento y el tráiler nos hagan pensar de esa forma, es una impresión equivocada. Aunque esto es más bien una cuestión de publicidad que del film en sí. Por otro lado, está bien descubrir que Meryl Streep no ha hecho su cuarta comedia insustancial en cinco años- tras Mamma Mia!, No es tan fácil y Julie & Julia-. Seguramente la hará.
Kay (Streep) y Arnold (Tommy Lee Jones) forman un maduro matrimonio que ha dejado atrás cualquier tipo de pasión, tanto sentimental como sexual. Poco después de su 31º aniversario deciden viajar a un pueblecito costero en el que el afamado Doctor Feld (Steve Carell) imparte cursos intensivos para recuperar la ilusión en la pareja.
El título original de Si de verdad quieres… -¿cuándo aprenderán que los puntos suspensivos en un título espantan a más de un espectador?- es Hope springs, que puede significar ‘la esperanza surge’ y ‘el anhelo de las primaveras’, es decir, de la resurrección, del florecimiento de la pasión. Más allá de las situaciones cómicas, que las hay, la película está poblada por un profundo sentimiento de melancolía, personificada en el incomprendido, desesperado personaje de Streep y en el parco y reservado de Jones, ambos perfectos en un registro habitual en su filmografía.
Los momentos más divertidos ocurren cuando ambos coinciden con Steve Carell, muy ajustado también, con ese rostro de amable palurdo, a su personaje. Entre los secundarios encontramos a las estupendas Jean Smart y Elizabeth Sue en dos brevísimos papeles. Poco espacio dejan los dos protagonistas, a los que se llega a querer y compadecer. Su trabajo queda algo empañado por el descaradamente comercial uso de canciones en la película, realmente instrusivo, y por el ritmo del film, algo irregular, debido en parte a la dificultad de tratar un tema que pasa rápidamente de la graciosa incomodidad a la tragedia personal.
No obstante, es de agradecer el intento de profundización en los sentimientos de los personajes y la naturalidad y cariño con el que se desarrolla la trama. Si bien el director David Frankel (El diablo viste de Prada) todavía tiene que demostrar que es capaz de firmar un largometraje realmente interesante, sus intérpretes pueden enorgullecerse de un trabajo más que digno. – Por Jesús Blanco


