Llega a la cartelera de febrero una de las que para mí, sin duda es una de las comedias del año. Siete psicópatas de Martin McDonagh, nos hace gozar con una inquietante forma de ser, como cada uno de los personajes que componen la película. Es una cinta muy bien preparada, con algunas historias paralelas que se acaban fundiendo en una sola. En películas así, es frecuente que el director se deje algún cabo suelto, o que algo no acabe de encajar o cobrar sentido. Sin embargo, en Siete psicópatas no ocurre nada de eso, se nota que McDonagh revisó su propio guión unas cuantas veces antes de sacarlo a la luz.
Martin McDonagh empezó a llamar la atención del público con Escondidos en Brujas, también una comedia negra que tenía como no su lado dramático. Para mí es un film que envejece bien y que en su día me pareció original e ingeniosa. Siete psicópatas tiene esos mismos aires socarrones y esas escenas violentas con las que el espectador disfruta y se recrea. Y es que hoy en día, la gente que vamos a ver este tipo de cine tiene algo de psicópata.
De hecho, en este mundo todos tenemos un lado psicópata, y creo que eso es lo que este director quiere plasmar en este thriller. Ganador del Oscar a mejor cortometraje en 2006 por Six Shooter, McDonagh confiesa que el gran Quentin Tarantino ha influido en su manera de hacer cine, y a veces se aprecian algunas pequeñas referencias.
Una de los mayores atributos de Siete psicópatas es que es original. Y en la misma historia parece se eso es lo que promueve, la originalidad. No es fácil que en la industria (de alto nivel, se entiende) se den casos de originalidad y, por eso creo que estas películas deberían obtener mayor recompensa por parte del público. En mi caso, soy muy fan de aquellos directores que se atreven a escribir su propio guión, y viceversa.
Probablemente a veces peque de exigente, y otras muchas puedo pecar de conformista. En este caso, me conformo con lo que Siete psicópatas me ofrece. Adoro las películas que me ofrecen un vocabulario soez, sangre, y sobretodo risas. No puedo poner ningún pero a esta cinta por eso mismo. La trama me encanta, así como los personajes. En ocasiones la llego a encontrar tan conmovedora como exagerada, pero creo que eso se llama cine.
El reparto es muy bueno. No soy demasiado de Colin Farrell, así que diremos que lo hace bien y vamos a dejarle a un lado. Centrémonos en Sam Rockwell, Christopher Walken y Woody Harrelson. El primero se come toda la película, tal y como suele ocurrir en todas las que sale. Rockwell merece muchos más papeles protagonistas de los que le dan. De Walken poco se puede decir. Es un profesional con tanta carrera que todo lo que pueda decir se queda corto. Y Woody Harrelson tres cuartos de lo mismo. Vaya papelón que se marca.
En resumen, de lo más decente y bueno que se presenta en la cartelera. Hay que aprovechar.



